
Hoy es domingo, y quiero tomar muchas fotos, no encuentro el cargador de la cámara y tampoco encuentro las ganas de buscarlo, el facebook calma la ansiedad así que entro y veo fotos de gente que alguna vez vi…
Quiero ir a tomar un café o un jugo de naranja a algún lugar con alguna persona que huela bien, lima es linda los domingos, lima es linda siempre en realidad, pero los domingos me conmueve, es la lima que está en mi cerebro, esa que recuerdo cuando estoy de viaje, o cuando hablo con algún extranjero, esa que es más bien una fotografía guardada en algún cajón cerebral. El olor a pescado y el sabor a nostalgia, el pecado del día anterior, el pecado del presente. El sonido del tránsito con el volumen bajo pero vigente, el poco amor a sus propias vidas, el carro de al lado que te inyecta su ira con una bocina, la poca autoestima que brota como humo por las aceras, las serranitas que caminan por la calle con sus colores andinos, sus faldas turquesas, sus zapatitos negros, siempre tan jorobadas, con esa caminada que cualquier limeño podría distinguir, caminan haciendo arco irises entre los carros grises y el humo caliente, caminan creando imágenes tan pintorescas para mis ojos, es un desorden bonito, un residuo de la serranía en la ciudad. Amo lima y sus colores, amo lima y sus perros chuscos, su gente criolla, su falta de autoestima , su calor humano, su mala ortografía, sus calcomanías tornasoladas, sus casas de campo , sus cielos ambiguos, sus chicos guapos, su música, amo este caos reconfortante que me pega a su suelo sin ánimos de dejarme ir.
Quiero ir a tomar un café o un jugo de naranja a algún lugar con alguna persona que huela bien, lima es linda los domingos, lima es linda siempre en realidad, pero los domingos me conmueve, es la lima que está en mi cerebro, esa que recuerdo cuando estoy de viaje, o cuando hablo con algún extranjero, esa que es más bien una fotografía guardada en algún cajón cerebral. El olor a pescado y el sabor a nostalgia, el pecado del día anterior, el pecado del presente. El sonido del tránsito con el volumen bajo pero vigente, el poco amor a sus propias vidas, el carro de al lado que te inyecta su ira con una bocina, la poca autoestima que brota como humo por las aceras, las serranitas que caminan por la calle con sus colores andinos, sus faldas turquesas, sus zapatitos negros, siempre tan jorobadas, con esa caminada que cualquier limeño podría distinguir, caminan haciendo arco irises entre los carros grises y el humo caliente, caminan creando imágenes tan pintorescas para mis ojos, es un desorden bonito, un residuo de la serranía en la ciudad. Amo lima y sus colores, amo lima y sus perros chuscos, su gente criolla, su falta de autoestima , su calor humano, su mala ortografía, sus calcomanías tornasoladas, sus casas de campo , sus cielos ambiguos, sus chicos guapos, su música, amo este caos reconfortante que me pega a su suelo sin ánimos de dejarme ir.